Introducción
El gató mallorquín es uno de los postres más emblemáticos de la repostería de la isla. Ligero, aromático y con el sabor inconfundible de la almendra mallorquina, suele servirse acompañado de una bola de helado de almendra o de una copa de vino dulce. Es un dulce que forma parte de celebraciones y reuniones familiares desde hace generaciones.
El gató no contiene harina, por lo que es un bizcocho apto para celíacos. Su sencillez y su sabor auténtico lo convierten en un símbolo de la gastronomía mallorquina. Servido con helado de almendra, es la combinación más representativa de la isla: tradición, producto local y el toque dulce que nunca falta en las mesas familiares.

Ingredientes (para un molde de 22-24 cm)
- 250 g de almendra molida (mejor de Mallorca, tostada)
- 200 g de azúcarhe
- 6 huevos
- Ralladura de 1 limón
- 1 cucharadita de canela en polvo
- Azúcar glas para espolvorear


Elaboración
La preparación comienza separando las claras de las yemas. Las claras se montan a punto de nieve con parte del azúcar hasta que queden firmes y esponjosas, mientras que las yemas se baten con el resto del azúcar hasta lograr una crema blanquecina y aireada. A esta mezcla se le incorpora la almendra molida junto con la ralladura de limón y una pizca de canela, que perfuman la masa con aromas mediterráneos. Con movimientos suaves y envolventes se añaden las claras montadas, logrando así una textura ligera que será la base del bizcocho.

Una vez lista, la masa se vierte en un molde engrasado y se hornea a temperatura moderada de 170º hasta que adquiere un tono dorado y desprende su inconfundible fragancia. Al sacarlo, se deja enfriar y se espolvorea generosamente con azúcar glas, que le da su aspecto característico. Tradicionalmente, el gató se sirve acompañado de helado de almendra casero, creando la combinación perfecta que refleja la esencia de Mallorca: sencillez, tradición y producto local.
